EL PELIGRO DE CONFUNDIR LA EFICIENCIA Y LA EFICACIA:

A medianos de los 90, la palabra “eficiencia” pasó a formar parte, de forma recurrente, de cualquier discurso de políticos y agentes económicos como la palabra mágica, la panacea de nuestra economía, la que tenía que traer todos los bienes, todas las soluciones. Quedaba muy bien, y de gran gestor, hablar de eficiencia, aunque no se tuviera claro su significado.

En general, el concepto de eficiencia se confunde con el concepto de eficacia, como si ambas palabras fueran sinónimas cuando, en realidad, representan conceptos muy distintos y, aunque han de mantener un cierto equilibrio, no son del todo compatibles.

EFICACIA es un concepto absoluto, es la capacidad de conseguir el efecto deseado o de alcanzar unos determinados resultados.

EFICIENCIA es un concepto relativo, es la capacidad de lograr un determinado resultado pero contemplada esta capacidad en función de los recursos empleados para conseguir el resultado.

La diferencia pues, resulta evidente: Dos sistemas son igual de eficaces si ambos alcanzan el mismo resultado, pero teniendo la misma eficacia, el sistema que alcanza el resultado con menos recursos es el más eficiente.

En general, asegurar la EFICACIA, asegurar la obtención de un determinado nivel de resultados, requiere precisamente asumir un determinado nivel de INEFICIENCIA, o dicho de otro modo, necesita aplicar un exceso de recursos, aparentemente malgastarlos, si bien son simplemente los necesarios para obtener el resultado deseado según impone la realidad y no el ideal pintado en un papel o en la imaginación de un gestor mediocre.

Lo cierto es que el papel todo lo soporta, como era el caso de los sistemas de economía planificada de los antiguos países comunistas,  pretendidamente muy eficientes y caracterizados  por una ordenada y ajustada aplicación de recursos, en teoría perfecta, pero que en la práctica no funcionaba, al ser sistemáticamente incapaces de superar cualquier incidencia, precisamente porque cualquier incidencia provocaba de forma automática una insuficiencia de recursos, pudiendo ir las consecuencias de la escasez a un auténtico desastre.

Resulta frecuente que en muchas organizaciones, públicas y privadas, se fijen los objetivos pensando solamente en la eficiencia, en qué se gasta, en qué recursos se aplican, y se pierda de vista la eficacia, la obtención de resultados. Si por ser eficiente se perjudica la obtención de resultados o se aboca la organización a situaciones indeseables, se está fraguando en ella una situación de crisis o un conflicto. El ejemplo clásico es la industria que ahorrando en medidas de seguridad, o en control de calidad,  sufre un accidente o pone en el mercado un producto defectuoso y se enfrenta, a una crisis reputacional, o demandas de todo tipo. El problema aparece cuando por defender un teórico nivel de eficiencia se comprometen los resultados, ya sean estos resultados, económicos, sociales, de imagen, de seguridad, etc…

Si la eficiencia condiciona la obtención de resultados, de la eficacia, carece de sentido; sería como pretender que un motor es eficiente por que gasta poco, pero a costa de no ser capaz de mover el coche, a costa de no ser eficaz. Es la eficiencia la que ha de estar condicionada por la obtención de resultados, si la supuesta eficiencia impide alcanzar los resultados necesarios, es una mera ficción tras la que se esconden la crisis y el conflicto.

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2 Comentarios

  1. Estoy muy de acuerdo contigo vicenÇ. Puedo añadir que en mi trabajo con los equipos comerciales, les trasmito en el proceso de coaching de equipos un valor añadido para lo que podemos llamar “salescoaching”. basicamente, tras cumplir con los objetivos, el eficaz y el eficiente logran ese objetivo mesurable en el tiempo, pero el que hace el mismo trabajo pero con efectividad, no sólo ha conseguido hacerlo individualmente si no añade el valor de la unión departamental con una mejor comunicación que nos lleva a una mejor gestión del tiempo, eliminación de muchos de los ladrones de ese tiempo con la reducción de reuniones informativas, mayor rendimiento en la comunicación con el cliente etc. En definitiva creo que la diferencia la marca la autoconsciencia y lo básico “el sentido de misión” para salir reforzado de esta crisis en su momento. Esta es mi experiencia. Un saludo

  2. El maestro Peter Drucker decía que no hay nada más inútil que hacer eficientemente lo que no debe ser hecho…con lo que nos dejaba claro cuál es la diferencia entre eficacia y eficiencia y, al mismo tiempo, se equivocaba: Sí hay algo más inútil: Hacer lo que no debe ser hecho y, además, hacerlo de modo ineficiente y, por tanto, aún más caro.

    Cuando en España estamos aguantando subida de impuestos mientras que, cuando se trata de desmontar empresas e instituciones inútiles -creo que todavía funciona la sociedad del Quinto Centenario o similar con su presupuesto y sus cargos- o evitar múltiples redundancias entre administraciones central, autonómica y local…prefieren mirar hacia otro lado o montar una comisión para que estudie lo que todos sabemos.

    Es un mero ejemplo que muestra que Drucker se equivocaba: Sí hay algo más inútil que hacer eficientemente lo que no debe ser hecho (lo que no es eficaz): Hacer lo que no debe ser hecho y, además, hacerlo de forma ineficiente.

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