LA PARADOJA DE LA EXPERIENCIA:

Podría pensarse, aunque no es así, que la paradoja de la experiencia es el conocido hecho de que hoy en día parece que cualquiera que ha superado los 40 está excluido del mercado laboral. Salvo que se trate de puestos de altísima responsabilidad y representación, el criterio de edad se ha convertido en la primera y principal causa de exclusión de cualquier proceso de selección. (Aunque con un 50% de paro entre nuestros jóvenes, ser joven tampoco es una panacea a efectos laborales.) Parece pues que la experiencia no es un valor que cotice al alza.

 Ahora bien, si preguntamos, nadie reniega de la experiencia, nadie defiende que es mejor contratar a alguien sin ninguna experiencia que a alguien con experiencia,  y posiblemente todo el mundo coincidirá en que una combinación de juventud y experiencia sea lo más deseable; aunque luego los prosaicos intereses de la gestión a corto, hoy al uso, hagan que sólo se contrate a los más jóvenes, no por sus innegables valores, sino por el hecho de ser más baratos y más fáciles de manejar, lo que dice realmente poco en favor de los dirigentes que actúan con semejantes criterios.

 Pero ¿Cuál es el verdadero valor de la experiencia? ¿Sirve de algo la experiencia?

 Si consideramos la experiencia como el “Conjunto de antecedentes, ejemplos o precedentes, que alguien tiene por la circunstancia de haber hecho repetida o duraderamente algo, lo que le aporta conocimientos y habilidad para volver a hacerlo.”, en un mundo como el actual, en el que cada día nos enfrentamos a nuevas situaciones absolutamente desconocidas a las que, por mucha experiencia que tengamos, nunca nos hemos enfrentado antes, se podría poner en duda que la experiencia sirva para algo.

Si consideramos que las mismas situaciones se suceden una y otra vez, y a la experiencia como un manual para gestionarlas repetidamente de la misma forma, poca falta haría alguien con experiencia, ya que con sólo automatizar procedimientos o protocolizando actuaciones sería suficiente para afrontar cualquier situación.

Entonces nos preguntamos ¿Tiene algún valor la experiencia? E intuitivamente y de inmediato la respuesta que se nos ocurre es que sí, que tiene mucho valor, pero ¿Qué experiencia tiene valor?

En el mundo cambiante de hoy, en el que nada al día siguiente es como fue el día pasado y en el que la comodidad de enfrentarse a situaciones bien conocidas se ha acabado, la experiencia acumulada en situaciones pasadas no sirve por sí sola para enfrentamos a situaciones que nunca antes hemos vivido, del mismo modo que no se puede conducir un coche hacia adelante mirando por el retrovisor al tramo de carretera por el que ya hemos pasado, pues la experiencia en las curvas superadas que vemos por el espejo no sirve para guiar el coche por las curvas que tenemos delante.

 Hoy se requiere la capacidad de afrontar situaciones absolutamente nuevas sobre las que se carece de todo referente objetivo, y esta capacidad para afrontar lo desconocido con éxito se configura en base a dos factores: Por un lado actitud y aptitud para desafiar lo inédito, y por el otro veteranía en la gestión de situaciones nunca antes vividas. Hoy la experiencia sólo sirve si va acompañada de la capacidad para enfrentarse a lo desconocido.

Enfrentarse a este nuevo mundo cambiante requiere profesionales con mayor madurez, que se han enfrentado a las más diversas situaciones, al mayor número de conflictos y con la mayor intensidad y compromiso. Las organizaciones necesitan profesionales hechos a la gestión de situaciones que nunca antes se han vivido. Es el momento de los profesionales acostumbrados a tratar con lo desconocido, capaces de afrontar una nueva realidad que atemoriza, pero que se presenta llena de oportunidades.

No nos engañemos, lo desconocido va a ser lo único que vamos a conocer a partir de ahora. Nadie sabe como va a ser el entorno social y económico en los próximos años, pero sí podemos estar seguros de que va a ser tan distinto de lo que conocemos como distinta fue la era mercantil de la edad media, o la era industrial de la mercantil.

Sólo podemos esperar lo inesperado. Como Sócrates, sólo sabemos que no sabemos, que nos enfrentamos a lo que desconocemos. Querer gestionar nuevas situaciones condicionados por la experiencia en anteriores situaciones muy distintas, que nada tienen que ver con las actuales, hacer caso omiso de la paradoja de la experiencia, es una trampa tras la cual se esconde la crisis y el conflicto.

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3 Comentarios

  1. Muy interesante el artículo, te felicito, aunque parcialmente de acuerdo con él o, quizás, es que tenemos diferentes formas de expresarlo.

    Si te refieres a 20 años de experiencia, 1 año repetido 20 veces, 100% de acuerdo contigo.

    Ahora bien, aprovechando la analogía que haces, un buen conductor con experiencia es aquel que ha aprendido a conducir en diferentes situaciones (buen tiempo, mal tiempo, nieve, curvas, hielo, mal asfalto, con mucho tráfico …) y que, precisamente, por saber el riesgo que puede entrañar conducir, aprovecha su experiencia para conducir de forma segura y con máxima atención a los posibles imprevistos por cualquier tipo de carretera, conocida o desconocida.

    Si esto lo llevamos al trabajo, una persona con experiencia, que ha aprendido y se ha enfrentado a nuevos retos, sabe con qué recursos cuenta para seguir afrontando nuevas situaciones, puesto que la verdadera experiencia, al menos bajo mi perspectiva, es aquella que es consciente de lo que ha aprendido (los recursos con los que cuenta, competencias hard y soft que ha desarrollado) y de lo mucho que aún le queda por experimentar y aprender …

    Saludos,
    Mercedes

    • Gracias por tu amable comentario.

      Leyéndolo creo que no discrepamos.

      Mi intención era matizar la diferencia que hay entre aquellos que tienen unos conocimientos y unas capacidades, basados en vivencias anteriores, que les permiten enfrentarse a situaciones que nunca antes han vivido, que es lo que entiendo que constituye la verdadera experiencia, y aquellos otros que entienden la experiencia sólo como un manual que dicta cómo hay que actuar ante determinadas situaciones análogas a las anteriores, y que por lo general se muestran incapaces ante nuevas situaciones que se apartan del “manual de su experiencia”.

      Un saludo cordial.

      Vicenç

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