LA CRISIS TIENE CULPABLE, TIENE NOMBRE Y APELLIDOS:

Resulta realmente curioso como la actual crisis económica parece que no tiene culpable, ni nombre y apellidos, ni padre ni madre, por no tener, se diría que no tiene ni parientes lejanos, como si hubiera surgido por generación espontánea, quizás por obra del Espíritu Santo, tal vez fruto de una lluvia de polvo de estrellas.

Poca discrepancia cabe sobre las dos grandes causas de la crisis:

– Un endeudamiento desaforado de la Administración y las empresas.

– La otra cara de la moneda, la financiación irresponsable de dicho endeudamiento por parte de las entidades financieras.

Ningún dirigente, ya sea de organizaciones públicas, ya sea de empresas privadas, se hace responsable, no ya de algún grado de participación en la crisis económica en general, si no que ni tan siquiera de los resultados ni de la situación de la organización que gestionaba, como si nada hubiera tenido que ver en ello.

Ayuntamientos que han realizado obras suntuarias cuyo importe superaba de forma astronómica la capacidad de pago de su presupuesto, y entidades financieras que financiaron promociones con valoraciones desorbitadas que sólo se hubieran podido pagar si la burbuja inmobiliaria hubiera gozado de una imposible eternidad, son muestras de decisiones tomadas por personas fácilmente determinables, con nombre y apellidos, a los que nadie les está pidiendo ninguna explicación, explicación más necesaria si cabe, cuando algunas operaciones son tan descabelladas que no puede menos que planear sobre ellas la sombra de intereses inconfesables.

Hay que reconocer que no es posible poner sobre la mesa todas y cada una de las operaciones que sumadas nos han llevado a esta situación, ni es posible hacer una lista completa de las eminencias gestoras que han perpetrado el desaguisado. El mayor equipo auditor del universo no daría abasto para objetivar ni una parte medianamente significativa del conjunto de operaciones que nos han llevado hasta este siniestro puerto. Pero tampoco hace ninguna falta llegar tan lejos; sólo hay que analizar las mayores operaciones de las Administraciones más deficitarias, determinando las personas que acordaron la realización de las económicamente  inasumibles, y analizar las principales operaciones de créditos morosos de las entidades financieras que se han tenido que apuntalar por el FROB, ver su naturaleza, cómo se documentaron y por quiénes y a quién se autorizaron, para determinar las responsabilidades y los intereses concurrentes.

Pero resulta realmente curioso el pacto de clamoroso silencio que nuestros dirigentes cumplen a rajatabla, porque si nadie asume responsabilidades tampoco nadie, de los que pueden y deben pedirlas, las pide.

Lo cierto es que esta crisis tiene nombre y apellidos, algunos hasta ilustres, y a buen seguro no son pocos los que la han creado y siguen en el poder, gestionando la crisis igual que gestionaron la época de bonanza, de forma irresponsable, en su propio interés y a costa de terceros.

El sentimiento popular al exigir que se identifiquen culpables y se imputen responsabilidades, viene informado por el ansia de venganza, “ ya que la han hecho que la paguen”, pero este sentimiento, pese a ser humano y comprensible, no debe ser en el que se base la reacción de la sociedad, sino que la finalidad ha de ser la de romper de una vez por todas con la lacra de la impunidad que hay que evitar, no para reparar el daño causado, que ya está hecho y no se puede volver atrás en el tiempo, si no para disuadir en el futuro de tales comportamientos y evitar con ello nuevas situaciones parecidas.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *