LA CRISIS HA TERMINADO I: !PROHIBIDO AÑORAR EL PASADO¡

Hablaba en mi último post de la crisis que nunca existió y de que debíamos preguntarnos si se puede llamar crisis al hecho de que la economía esté regresando al lugar del que no debería haber salido, más o menos la situación del 2001, que se excedió artificialmente a base de financiación.

Retrocediendo un poco, dando por sentado que sí, que al menos en algún momento ha existido crisis, hay que preguntarse -¿Todavía hay crisis?-; y como ya deben imaginar, la respuesta es que no, que ya no podemos hablar de crisis.

La afirmación de que ya no hay crisis, no cabe hacerla en base a los discutibles argumentos  de dirigentes políticos a los que los ciudadanos han encomendado la gestión de sus asuntos, si no en base a argumentos muy distintos.

Una crisis es un cambio brusco o una modificación importante en el desarrollo de algún suceso. Crisis también es una situación complicada o de escasez.

Aceptando  que estos últimos años se ha estado conviviendo con una situación a la que se ajustan ambas acepciones, también hay que aceptar que crisis es un término relativo; una situación es de crisis sólo en comparación con una situación anterior que se considera mejor. Por ejemplo, la vida de las personas durante los años veinte se consideraba halagüeña, feliz; los felices veinte se llamaban; pero si la situación en la que se vive hoy fuera como la de aquellos años, no hablaríamos de crisis, hablaríamos de cataclismo socioeconómico. Todo es relativo.

Aceptando que hasta junio del 2007 se vivió una situación muy buena y que, desde entonces hasta hoy la situación es mucho peor; el resultado de la comparación será que hoy la situación es de crisis; pero hay que asumir también que la comparación se diluye en el tiempo.

Al decir que la comparación se diluye en el tiempo se hace referencia al hecho de que cabe hablar de crisis en momentos cercanos al punto de inflexión, pero cuando una situación se estanca, se prolonga en el tiempo, toma carta de normalidad, como es caso actual, ya no se puede hablar de crisis, hay que hablar de nueva realidad a la que hay que adaptarse.

El que no quiera ver la nueva realidad y siga ordenando su vida en base a criterios sólo válidos para una realidad más bondadosa e inexistente, vivirá indefinidamente instalado en la crisis.

La crisis pues, se acaba para cada persona, para cada empresa, para cada Administración, no en el momento en que consigue volver a la situación anterior con la que se compara, si no en el momento en que consigue adaptarse a la situación actual.

Cada nueva situación abre un nuevo abanico de oportunidades que están ahí para quien sepa aprovecharlas porque, pase lo que pase, el mundo no se acaba, lo que se acaban son las crisis, que siempre se agotan en sí mismas.

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