LA CRISIS HA TERMINADO II: ASCENDIENDO DESDE EL PROFUNDO INFIERNO.

Afirmamos que la crisis ha terminado pero ¿En qué situación hemos quedado? ¿Cuán profundo nos hemos precipitado? ¿Cuál es el punto de partida desde el que estamos ascendiendo desde los infiernos?

La situación hoy

Hoy los dirigentes políticos, como prueba de lo bien que lo hacen, fomentan la idea de que las medidas adoptadas dan sus frutos. Se jactan de ello. La Administración va cuadrando sus cuentas a base de subir impuestos e incrementar el precio de los servicios que presta o, simplemente, dejando de prestarlos. Es cierto que las diversas medidas tomadas por los gobiernos han mejorado algunos indicadores de la situación general, en especial a nivel macroeconómico, aunque a nivel de particulares no acaba de imponerse una situación de mejora real.

La capacidad de endeudamiento y acceso al crédito ha entrado en claro retroceso, consolidándose una acusada caída del consumo.

Aunque no podemos hablar de escasez ni racionamiento, posiblemente por la menor demanda en comparación con períodos anteriores, no se dispone de energía y materias primas  a costes razonables.

Las erráticas políticas de la Administración y las decisiones arbitrarias adoptadas con el beneplácito de facto de todas las tendencias ideológicas, en especial en el ámbito económico, atemorizan y menoscaban la confianza de los ciudadanos, desincentivando un ahorro ya de por sí imposible. Se va de más a menos, y se generaliza la sensación de que se es definitivamente más pobre.

Pese a una aparente mejora de la tasa de desempleo, el paro sigue situado por encima del 25% en general y por encima del 50% entre los jóvenes, registrándose un fuerte excedente de mano de obra poco cualificada. En contraposición al alto nivel de paro, concurre una clara sobreexplotación de los que trabajan, en “pro” de la  productividad y de la competitividad.

Mientras los salarios y las prestaciones sociales bajan, impuestos y suministros básicos suben de forma sustancial.

En medio de esta situación, los conflictos sociales menudean y los gobiernos arbitran sin complejos medidas, impensables en cualquier Estado democrático, para reprimir la protesta ciudadana.

La progresión social se ha detenido y, a diferencia de épocas pasadas en que cada generación veía mejores expectativas respecto de la anterior, hoy los padres prevén para sus hijos una vida más difícil.

Un futuro prometedor pero….distinto:

Este cuadro desolador hace que una gran parte de la sociedad no vea el final del túnel y perciba los cambios de los últimos años como un final, con la sensación de que todo se acaba y no hay futuro. Contribuye a esta percepción pesimista, el hecho de que los sistemas de previsión social han entrado en regresión al menguar la recaudación fiscal y la disponibilidad financiera de los Estados. La sensación generalizada, confirmada por la realidad del día a día, es de que se va a menos. Se ha pasado de trabajar para crecer a trabajar para subsistir. La situación de crecimiento constante que se ha vivido desde los años 50, y el explosivo crecimiento de la última época, han llegado a sus límites sostenibles y el cambio se ha impuesto por sí solo.

La comparación entre la actual situación y la vivida hasta el 2007 invita al mayor pesimismo, pero si nos distanciamos un poco y la observamos con perspectiva veremos que estamos comparando la situación real de hoy con la situación anterior que era ficticia y, vista así, la situación de hoy no es tan mala, y supone además un punto de partida sólido desde el que iniciar un camino de progreso,  progreso, que no recuperación, porque aquella situación ficticia, seguro que para bien, no se va a recuperar, la situación es de evolución y cambio, de entrada en un mundo nuevo, menos ostentoso. 

A nivel individual, frente a la aparente situación de caos, de que el mundo se acaba, se abre un abanico de nuevas oportunidades para quien sepa adaptarse y aprovecharlas. De hecho todo el mundo acabará adaptándose, aunque sufrirán más los que más tarden. El mayor error en el que se puede caer es actuar esperando que se reproduzca una situación como la vivida en los años anteriores, algo que no puede suceder, pues el modelo se ha agotado, a cumplido su función. Pero no debemos olvidar que el sistema económico que hemos disfrutado y padecido hasta hoy, aún con sus evidentes deficiencias, ha sido el mejor de la historia y que posiblemente, el que resulte de su evolución será aún mejor, pues ya se está perfilando un nuevo modelo económico que será el adecuado al momento como evolución natural del modelo anterior.

En suma, a la sociedad le esta costando ver que estamos ante una evolución y ante el nacimiento de nuevas oportunidades, pero este es el momento en el que empresas y organizaciones han de ser conscientes de este cambio, de esta evolución, de las exigencias de este nuevo entorno social, económico y legal, y requerir ayuda profesional experta para prever y gestionar los efectos de estos cambios de manera que les permita sortear crisis y conflictos y aprovechar oportunidades.

En mi próximo post, comentaré las orientaciones, actitudes y actividades que van a configurar las oportunidades y el progreso a partir de hoy, los yacimientos en los que empresas y profesionales encontraran los filones para triunfar en esta nueva era que ahora comienza.

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Un comentario

  1. Es cierto todo lo que comentas, pero la solución a mi juicio es muy otra. Pasa por tomar consciencia de que no es sostenible un país con las capas de gobierno y administración que tenemos en España. No lo fue antes en los tiempos de bonanza, aunque el ciudadano apenas lo percibía, y no lo es ahora, con mayor razón.
    Se ha perdido una oportunidad inmejorable para que los grandes partidos, hubieran alcanzado pactos, a la alemana, en el asunto clave de la restructuración de la administración pública. Se ha hecho solo maquillaje.
    En mi opinión, una solución podría ser la fusión de comunidades autónomas, como ya he sugerido varias veces, y comentado con ciertos profesores de IESE que solo ver riesgos, por cierto, en la propia clase política.
    Pero es claro que los ahorros conseguidos serían de una enorme importancia, además de otro tipo de consideraciones no menos importantes.
    Igual que los mercados ha de funcionar la administración. Ocurre que en los mercados libres, la competencia obliga a ello. No hay más opción. Pero la administración publica no tiene competencia
    Carlos Magaña
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