INSENSATOS Y RESPONSABILIDAD EN VOLKSWAGEN

VolkswagenPese a que las personalidades psicopáticas han florecido y “triunfado” en el mundo empresarial de los últimos años, nunca deja de producir verdadero estupor cómo altos cargos de grandes organizaciones adoptan decisiones descabelladas que necesariamente acaban desembocando en una Situación Crítica para las empresas que dirigen.

Pero, si ya resulta realmente extraño que, de forma recurrente, auténticos insensatos alcancen y ejerzan en puestos de la más alta responsabilidad en la empresa, más extraño resulta que frecuentemente no actúen solos y que las decisiones disparatadas se tomen de forma colegiada.  

Como en los asuntos de Lehman Brothers o Enron, el caso Volkswagen constituye un supuesto paradigmático de esta realidad y pone de manifiesto la necesidad en las organizaciones de adoptar protocolos para la prevención de situaciones críticas y conflictivas; situaciones que pueden tener su origen en las más diversas causas como son, de entre ellas, actuaciones desleales de altos empleados. 

Volkswagen decidió instalar en sus vehículos un software capaz de reconocer que el coche era sometido a un control de contaminación, para a continuación activar una serie de medidas para que el nivel de emisiones se mantuviese, aparentemente, dentro de los límites legales; artimaña que respondía a la lógica de un ahorro de costes mediante una manipulación a coste mínimo, que permitía ahorrar entre 500 y 600 euros por vehículo. Según el propio Winterkorn la reducción de cada gramo de CO2 le cuesta a la industria inversiones de 100 millones de euros, de ahí que se optara por una manipulación que oculta unas emisiones de CO2 hasta 35 veces superiores a las aparentadas. 

Aunque se pretende que fue la Universidad de Virginia y la ONG International Council of Clean Transportation (ICCT), quienes descubrieron la manipulación, resulta evidente que en semejante montaje tuvieron que participar, además del dimitido Presidente de Volkswagen, muchos otros directivos, técnicos y operarios, por lo que, con tantos en el secreto, era sólo cuestión de tiempo que cualquiera de ellos lo revelara. Ciertamente cuesta entender qué debió pasarles por la cabeza cuando decidieron actuar como lo hicieron.

El resultado, aparte del enorme desprestigio para la imagen de Volkswagen y de un coste reputacional de valor incalculable, supone que el grupo alemán haya perdido casi 26.000 millones de euros en Bolsa (más de un tercio de su capitalización) en sólo dos jornadas y que la multa que se le podría imponer alcance los 37.500 dólares por vehículo manipulado. Eso supone unos 18.000 millones de dólares (o 16.000 millones de euros), bastante más de lo que el consorcio alemán ganó en 2014, cuando alcanzó unos beneficios históricos de algo más de 11.000 millones. Pero la responsabilidad puede ir más allá, pues puede hablarse no ya de una transgresión de la normativa administrativa, si no también de posible delito fiscal, ecológico y de estafa, con responsabilidades empresariales y personales de gran magnitud, a las que habrán de añadirse las que puedan reclamar los accionistas por administración desleal del Presidente y el resto de implicados. 

La actuación de Volkswagen ha sido fraudulenta desde el inicio. Quiso engañar y así lo ha admitido con rapidez, en un intento claro de reducir el castigo. Por ahora esto es lo único que ha hecho bien. Veremos si es capaz de gestionar esta situación crítica para que le cueste lo menos posible. 

Establecer procedimientos y protocolos para prevenir Situaciones Críticas como la que nos ocupa, tiene un coste, por supuesto, pero este coste es ínfimo comparado con el coste que, por definición, supone incurrir en cualquier Situación Crítica en la empresa.

 

 

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