EL MISTERIOSO CASO DE LA CRISIS QUE NUNCA EXISTIÓ.

Una determinada situación que viene determinada por un momento de cambio negativo muy marcado supone una situación de crisis.

Hechos fortuitos:

Diremos que una persona sufre una crisis económica si, por ejemplo, pese a una cuidadosa y ortodoxa gestión de sus asuntos, se ve endeudado y con dificultades para pagar sus deudas por culpa de un incendio o una inundación que destruye su vivienda, por la pérdida de sus principales clientes a manos de un competidor innovador, por ser víctima de un robo, por sufrir un accidente o una enfermedad que le impiden trabajar, etc…

De contrario, a nadie se le ocurrirá decir que sufre una crisis una persona que tiene dificultades para afrontar deudas adquiridas para financiar viajes de lujo, juego, banquetes de precios de locura, adquirir bienes lujosos de rápida desvalorización o cualquiera de las muchas actividades y bienes absolutamente prescindibles y de los que sólo tiene sentido disfrutar cuando se dispone previamente de un excedente financiero.

En el primer caso podremos hablar de crisis, de mala suerte, quizás hasta de imprevisión, de lo que podía y debía ser pero que no es por la concurrencia de un hecho fortuito.

Pero en el segundo deberemos hablar de necedad, cuando no de auténtica falta de vergüenza. En este caso lo que aparentemente era no podía ser, era una ficción de riqueza sustentada en el endeudamiento y, por lo tanto, se impone una vuelta a la realidad del deudor y al nivel económico que le corresponde. Resultaría de auténtica desfachatez pretender que se está en crisis por el mero hecho de que los acreedores pretendan cobrar las deudas contraídas por el deudor, de forma irresponsable, por encima de sus posibilidades de pago.

Se puede hablar de “crisis” si a la hora de pagar la cuenta del restaurante, se descubre que se ha perdido la cartera y no se puede pagar, pero si se ha entrado en el restaurante sin dinero de forma consciente, con la descarada intención de no pagar, hablaremos de estafa.

Lo que ambas situaciones tienen en común es que se normalizarán cuando el deudor reordene la aplicación de sus recursos económicos detrayéndolos de otras partidas para pagar a sus deudores, o cuando terceros asuman la deuda, o cuando los acreedores asuman la pérdida por impago.

Ahora bien, los hechos fortuitos explican sólo una parte de las situaciones de crisis que se han vivido históricamente.

Las “burbujas”:

Otro gran factor origen de crisis son las “burbujas”, situación muy curiosa en la cual, por un mecanismo del que todavía se sabe poco, un determinado tipo bien; da igual si son acciones, tulipanes, oro, caviar, obras de arte, inmuebles, etc., resulta objeto, de forma generalizada, de continuas y sucesivas transacciones, incrementando el precio tras cada operación, quedando fijado cada nuevo precio por la expectativa de poderlo vender a un precio superior en la siguiente transacción, sin considerar el valor intrínseco del bien ni lo desorbitado del importe.

Con las “burbujas” la crisis se manifiesta en el momento en que, como el niño del cuento que pone en evidencia que el rey va desnudo, alguien o algo hace que el mercado tome consciencia del valor real del bien. Evidentemente la crisis afecta sobre todo al último en quedarse el bien y en quedarse sin el dinero.

El exceso de crédito:

Si miramos ahora a la situación económica en la que nos hallamos inmersos, etiquetada como crisis por la mayoría; y buscamos el hecho fortuito, imprevisible e inabordable que la ha provocado, descubriremos que no ha pasado nada que la justifique. No hemos sufrido un desastre natural, ni hambrunas, ni epidemias, ni ningún conflicto bélico que haya devastado nuestros medios de producción, ni ha aparecido una nueva economía que haya arrasado la nuestra, no ha caído un meteorito, ni una central nuclear ha fundido el núcleo, ni un conflicto religioso, étnico o ideológico ha trastocado nuestra sociedad, nada de esto ha sucedido.

Entonces deberemos pensar que lo que la ha producido ha sido una “burbuja”, pero la situación en la que nos hallamos inmersos desde septiembre del 2007, aunque hay quien opina que se inició de forma efectiva en junio del mismo año, tiene poco en común con situaciones anteriores de crisis y se basa en el exceso de crédito y endeudamiento, siendo la burbuja inmobiliaria un mero efecto colateral de este exceso de crédito.

Vivir para ver, acostumbrados como estamos a asumir que las crisis vienen provocadas por falta de dinero y carencia de crédito, resulta que ésta “no crisis” ha sido provocada justo por lo contrario.

¿Realmente es una crisis?

No hay caso fortuito, no hay burbuja; al menos no como causa; sencillamente, a todos los niveles, desde el particular hasta el Estado, se ha gastado lo que no se tenía. Con dinero prestado se ha vivido como si se dispusiera de él en una falsa apariencia de riqueza, y en el momento en que se ha cortado el flujo de financiación y se ha exigido la devolución, ha desaparecido la ficción dejando paso a la cruda realidad.

Se puede circular con un vehículo a velocidad moderada o forzando el motor hasta romperlo. Hasta un cierto momento el motor forzado alcanzará mayor velocidad y recorrerá mayor camino, pero una vez roto, el que llegará más lejos será el que no se ha forzado. Del mismo modo se ha maltratado nuestro sistema económico, forzándolo hasta romperlo.

Pese a lo dramático de la situación económica actual, pese a que no hay mayor dolor que ser pobre después de ser señor, podemos hablar de la crisis que nunca existió, porque lo que llamamos crisis es el camino de regreso de la economía al lugar del que nunca debería haber salido, el regreso a la realidad desde la ficción de una financiación irresponsable. Pero a nivel individual hay que reconocer que esta crisis que nunca existió, esta vuelta de la economía a donde corresponde, como el agua que regresa al mar en la resaca que revuelca a los surfistas que hasta aquel momento cabalgaban en la cresta de la ola, nos ha afectado a muchos, profundamente, por mucho tiempo y, a algunos, para siempre.

¿Quien pagará?

¿Quién ha empezado a pagar y acabará pagando esta deuda?

La respuesta es sencilla: Todos.

Pagan los promotores que pierden lo invertido en sus promociones invendibles que pasan a manos de los bancos, pagan los empresarios que pierden inversiones y garantías a manos de los bancos, pagan los  compradores de viviendas desahuciados por los bancos perdiendo la vivienda y lo pagado por ella hasta el momento, también pagan los bancos, nacionales y extranjeros, que asumen pérdidas por préstamos que nadie les va devolver y que de ningún modo van a poder cobrar, pagan las administraciones con dinero de los impuestos y dejando de prestar servicios ya cobrados a los ciudadanos, pagan los trabajadores con reducciones salariales directas y una recuperación de la ocupación “low cost” al más puro estilo del paro encubierto de las economías planificadas, pagan…., en fin, de un modo u otro, lo que es pagar, pagamos y pagaremos todos.

Y despues de todo:

Esta “no crisis” tiene fecha de caducidad y, al igual que las crisis reales, se acabará agotando en sí misma y dejará paso al inicio de una nueva era que poco tendrá que ver con como se ha vivido desde el fin de la 2ª Guerra Mundial. Nadie sabe muy bien cómo será, seguro que ni mejor ni peor, seguro que diferente, y sin duda, mucho más austera.

Aunque la realidad es que la verdadera crisis, una crisis que está en su apogeo y que no tiene ningún viso de remitir, es la crisis de dirigentes irresponsables y la crisis de un sistema que permite y promociona un tipo de líder y una manera de hacer las cosas que nos ha traído hasta este punto.

Be Sociable, Share!

Un comentario

  1. Realmente todos somos culpables,pero pienso que los mayores culpables han sido el sector financiero que presto a quien no tenia que prestar y que ahora no presta a quien tendría de hacerlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *