LA CRISIS TIENE CULPABLE, TIENE NOMBRE Y APELLIDOS:

Resulta realmente curioso como la actual crisis económica parece que no tiene culpable, ni nombre y apellidos, ni padre ni madre, por no tener, se diría que no tiene ni parientes lejanos, como si hubiera surgido por generación espontánea, quizás por obra del Espíritu Santo, tal vez fruto de una lluvia de polvo de estrellas.

Poca discrepancia cabe sobre las dos grandes causas de la crisis:

– Un endeudamiento desaforado de la Administración y las empresas.

– La otra cara de la moneda, la financiación irresponsable de dicho endeudamiento por parte de las entidades financieras.

Ningún dirigente, ya sea de organizaciones públicas, ya sea de empresas privadas, se hace responsable, no ya de algún grado de participación en la crisis económica en general, si no que ni tan siquiera de los resultados ni de la situación de la organización que gestionaba, como si nada hubiera tenido que ver en ello.Leer más

LA LOCURA DE LOS PRÍNCIPES ES LA SABIDURÍA DEL DESTINO.

“La locura de los príncipes es la sabiduría del destino”. Este proverbio del escritor Amin Maalouf, hace referencia al comportamiento de los dirigentes en unos tiempos, de poder absoluto, en los que el concepto de democracia ni tan siquiera era considerado como una posibilidad a desechar. La alternancia en el poder venía entonces determinada por el comportamiento de quienes lo ostentaban. La idea subyacente es que afortunadamente, los monarcas van a veces demasiado lejos, si no, no caerían nunca.

Pasar del poder absoluto a su ejercicio absolutamente descontrolado es lo que históricamente ha llevado a muchos monarcas a perderlo.

Esta reflexión la podemos trasladar a los “monarcas” de hoy, los actuales dirigentes autonómicos, nacionales y comunitarios, cuyos comportamientos, tanto los actuales como los anteriores a la crisis, cuando se observan con un mínimo sentido crítico, hacen que uno se pregunte si en algún momento han tenido claro para quien han de trabajar y a quien han de servir, porque lo que se desprende de sus actuaciones es que trabajan para una Administración, un Estado, un Sistema Político que parecen tener vida propia, ajenos a las personas, que son su única razón de ser y, muchas veces, más parecen servir a intereses dudosos, ya sean de poder, económicos, de partido o personales, que al interés de los ciudadanos individualmente considerados.

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LO SORPRENDENTE ES QUE SE SORPRENDAN

Cualquier dirigente político, cualquier gestor de una organización, ya sea un país, una ciudad o simplemente una empresa, grande o pequeña, puede tener que enfrentarse a las consecuencias de un hecho fortuito y sorprendente.

Si se produce un terremoto, una erupción volcánica, un tsunami, un huracán o una inundación, si cae un meteorito o un avión, si se sufre un incendio o cualquier otra desgracia, en general estaremos ante casos fortuitos, todos ellos posibles, pero más o menos improbables. Cabrá en estos casos discutir si se podían haber previsto tales hechos, si se podían  haber adoptado las medidas oportunas con antelación para minimizar sus consecuencias, o si se hizo todo lo necesario en su momento para convertirlos en lo más improbables posible, pero por definición son hechos sobre los que no se tiene control, suceden de forma accidental y, en muchos casos, no se puede hacer absolutamente nada que permita evitarlos.

Cuando uno de estos hechos sucede, la reacción de todos, desde los máximos responsables de la organización afectada, hasta la última víctima, es de sorpresa, y aunque cuanta mayor es la responsabilidad dentro de la organización menos justificada está la sorpresa, todos, hasta el máximo responsable se muestran igual de sorprendidos.

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UNA SALIDA A LOS DESAHUCIOS:

PRÉSTAMOS, INSOLVENCIA Y DESAHUCIO

 La insolvencia de las familias y la pérdida de la vivienda un grave problema social:

A caballo del triste momento económico que nos toca vivir, llegan noticias, diariamente, del drama de muchas personas, relacionado con sus deudas, la imposibilidad de pagarlas y la pérdida de sus viviendas, ofrecidas en su día como garantía de pago de los préstamos que se les concedieron.

La pérdida de la vivienda conlleva, en algunos casos, que familias enteras, con niños y ancianos, deban conseguir techo precario, pasando a vivir en condiciones nada deseables o que, en el peor de los casos, se queden en la calle.

Esta situación resulta extrema cuando, como ha sucedido ya varias veces últimamente, la persona que se enfrenta a la pérdida de su vivienda, llevada por la desesperación, recurre al suicidio y se quita la vida en el momento del desalojo.

Cualquiera con un mínimo de sensibilidad, incluso cualquiera que fuera insensible al sufrimiento ajeno pero tuviera un mínimo sentido práctico,  coincidirá en que es necesario dar una solución a las personas que se encuentran en esta situación y que, una sociedad que como tal pretenda tener un futuro, no puede dejar a sus miembros abandonados a su suerte y sin ningún tipo de protección, independientemente de que su situación sea debida a la mala suerte, una mala decisión o incluso a un comportamiento irresponsable.Leer más